My name’s John Ford.
I make westerns.
De esta manera se definió John Ford y aquí tenemos la primera prueba de que eso era cierto. Ya antes había rodado cortos, casi todos sobre historias del Oeste, pero este es su primer largometraje, cuando cuenta con 23 años, y lógicamente es un western. Y como ocurre con las primeras películas de casi todos los directores, contiene uno de los temas que más le preocupan a Ford y sobre el que volverá muchas veces: el conflicto entre el nomadismo y la estabilidad. En las primeras imágenes vemos a un jinete a caballo que guía una manada de reses que se ven al fondo de un valle con otros jinetes y aquí ya nos encontramos con un director que tiene un gran sentido pictórico del encuadre. En estos primeros planos de la película la cámara no se mueve, pero Ford hace moverse a los jinetes y a las reses iniciando un dinamismo propio del género y que también le es característico. Un momento importante de la película se produce cuando Harry, el pistolero a sueldo, va a matar a un viejo granjero. Entonces observa la escena del entierro del hijo del granjero. El plano de este entierro, Ford nos lo presenta borroso y sobrexpuesto. En el siguiente plano vemos al pistolero frotándose los ojos. Con la manipulación de la luz y la imagen, entendemos los sentimientos del pistolero. Emotivo es también el plano en el que la hija del granjero, al ir a servir la mesa, aprieta contra su pecho el plato vacío de su hermano muerto. Pero la película está llena de imágenes al más puro estilo del western, con cabalgadas, tiros, peleas, etc. y en cada uno de los planos podemos recordar alguna película que Ford realizará años más tarde pero que seguro nosotros hemos visto antes que esta. En España esta película lleva el título de “A prueba de balas”













