Para ser la última película que rodó Kurosawa me he quedado algo decepcionado, quiero decir, esperaba un tour de force para ofrecer al espectador no solo maestría en la técnica cinematográfica, sino un espectáculo visual como él sabía filmar. El caso es que el tema me gustó mucho, no en vano me toca de cerca, pero al mismo tiempo se aleja de lo que yo pueda sentir cuando se trata del carácter japonés que además se manifiesta en una forma de humor difícil de entender para los occidentales. Las interpretaciones: fabulosas, como siempre. Yo destacaría la interpretación de Kyôko Kagawa, como mujer del profesor. Su actitud, siempre en segundo término, pero fiel y dispuesta a ayudar en todo, lo refleja la actriz en unos movimientos de cuerpo suaves y delicados, pero seguros, y una expresión en la cara de saber lo que tiene que hacer con su personaje. Observa a cada uno de los actores masculinos cuidadosamente y reacciona de manera que no sobresale pero dejando su huella en la escena. La colocación de los personajes en el decorado y su integración con un fondo acorde, en este caso repleto de libros, es sin duda la marca de Kurosawa, pero donde deja su especial firma es en como expresa el paso del tiempo mientras el profesor y su mujer viven en una humilde choza después de los bombardeos.















































