De un encuentro casual en la taiga siberiana surge una profunda amistad entre un viejo cazador habitante de la zona y un oficial topógrafo. El cazador le enseñará al militar el porque es necesario respetar la naturaleza cuyos elementos: agua, fuego, aire, animales, etc. son “gente” y el explorador militar le entregará al solitario cazador una profunda amistad. Kurosawa rodó esta película cinco años después de la anterior, Dodes’ka-den, y en ese periodo de tiempo se produjo una tentativa de suicidio por parte del director, cuya vida se basaba en hacer cine. La situación de las productoras japonesas era de crisis debido al auge de la televisión, como ocurrió en todo el mundo, y Kurosawa no conseguía apoyo económico para sus grandes y costosos proyectos. La Unión Soviética le dio carta blanca para de filmar la película que quisiera y Kurosawa, en contra de todo pronóstico eligió un relato autobiográfico de un explorador ruso del cual tenía elaborado un guión. Lo adaptó al ambiente siberiano, él lo tenía a su vez adaptado para rodarlo en Japón, y escogió todos los actores rusos, así como todo el equipo de filmación salvo sus ayudantes de dirección, el equipo de dirección de fotografía y una ayudante coguionista: seis personas de un tota de ciento y pico. Se trasladaron a Siberia y allí estuvieron rodando durante un año. La película está contada en dos flashbacks correspondientes a dos periodos de colaboración entre el cazador y su amigo el explorador. Toda la película se desarrolla en unos maravillosos paisajes perfectamente captados por Kurosawa y su director de fotografía hasta tal punto que la taiga se convierte en la principal protagonista de esta película.


